El Banco de España impidió a Santander y Caja Madrid emitir activos de alto riesgo

El gobernador del Banco de España, M. A. Fdz Ordóñez.
Los bancos españoles suelen achacar su solidez, al menos en parte, al hecho de que aquí no hay activos sofisticados de crédito como los que han provocado la crisis actual en EEUU, por lo que han recibido la calificación de "tóxicos". Pero no ha sido precisamente por falta de ganas. Concretamente, Santander y Caja Madrid trataron de lanzar emisiones de este tipo en 2001 y 2002, y fue el Banco de España -entonces dirigido por Jaime Caruana- el que lo impidió al entender que suponían un riesgo excesivo. Decisión que resultó premonitoria, en vista del curso posterior de los acontecimientos.
Como es sabido, los activos cuyo hundimiento marcó el inicio de la crisis en EEUU consisten en paquetes en los que se titulizaban créditos concedidos por los bancos (muchos de ellos a clientes insolventes), divididos en distintos tramos según su nivel de solvencia, que se colocaban a inversores de todo el mundo. La idea era sacar el riesgo de esos créditos de su balance y poder reducir así sus requisitos de capital, algo que ahora se ha demostrado desastroso.
El banco que preside Emilio Botín lanzó al mercado un CLO (collateralized loan obligations) llamado Hesperic en 2001, según se recoge en la Memoria del Banco de España de 2003, con el que pensaba obtener 3.000 millones de euros. Caja Madrid trató de lanzar un producto similar al año siguiente, llamado Cibeles 1 (nombre que ahora ha adoptado para el holding que pretende sacar a bolsa) por un importe también parecido. Según fuentes conocedoras de la operación, Caruana paró los pies a Botín y Blesa porque no quería que la banca española iniciara estas prácticas de riesgo, pese a que nuestras entidades se quejaban de la desventaja competitiva que esta restricción suponía respecto a la banca internacional.
El supervisor no prohibió a las entidades lanzar estas emisiones, sino que les impidió eliminar el riesgo de esos créditos titulizados, con lo que quitaba todo el atractivo de la operación para las entidades. Para entenderlo, hay que saber cómo funcionan estas emisiones. En las titulizaciones tradicionales españolas, llamadas "titulizaciones cash", el banco o caja vende los créditos a un vehículo (fondo de titulización, que a su vez los coloca en el mercado) y cobra por ellos; es decir, ingresa liquidez, que era el gran objetivo de estas emisiones durante el boom hipotecario.
Los peligros de las titulizaciones sintéticas
Sin embargo, en las titulización norteamericanas, llamadas "sintéticas", no se venden los créditos y éstos no salen del balance, sino que el riesgo se transmite a través de los famosos CDS (credit default swap), los seguros de impago que tan famosos se han hecho con el derrumbe de la gran banca internacional en el último mes.
Con los CDS, hay otra entidad que asume el riesgo de impago de las hipotecas titulizadas, a cambio lógicamente de cobrar un tipo de interés. Esta entidad solía ser una aseguradora monoline, que también han protagonizado uno de los episodios más oscuros de la crisis. Pero lo importante es que los préstamos se quedaban en el balance del banco y que no ingresaban liquidez. ¿Para qué las hacían entonces? Pues para lo que se conoce como "arbitraje regulatorio", que consiste en convencer al regulador de que has vendido tu riesgo y que te permita sacarlo del cálculo del capital mínimo exigido por la ley.
Ahora se ha descubierto que esto era falso -en las titulizaciones, tanto tradicionales como sintéticas, el banco se queda siempre con el tramo de créditos de peor calidad, llamado "primera pérdida" o "subordinado", que nadie quiere en el mercado-, que muchas de estas titulizaciones eran tóxicas porque tenían dentro créditos subprime o de clientes insolventes y, además, que han permitido a los bancos operar con unos niveles de capital a todas luces insuficientes para capear la crisis actual.
Eso era lo que ha conseguido evitar el Banco de España al negarse a ese arbitraje regulatorio y al impedir a Santander y Caja Madrid liberar ese riesgo y reducir sus niveles de capital. Por ello, sólo colocaron un pequeño tramo de Hesperic y Cibeles 1 que era cash, no la titulización sintética (que era la parte más grande de la emisión). Esto fue posible porque en las atribuciones del supervisor bancario entra la aprobación o no de la liberación del riesgo mediante emisiones, a diferencia de otras prácticas como la excesiva concentración de riesgos en el ladrillo, donde la regulación no le da instrumentos para actuar. De ahí que la crisis española no tenga detrás el hundimiento de los activos tóxicos, sino precisamente el hundimiento del mercado inmobiliario.
Los conduits, prohibidos entonces y permitidos ahora
Durante estos años, varias grandes entidades intentaron poner en marcha conduits, los vehículos que creaba la banca de inversión internacional para aparcar todos estos activos de riesgo y sacarlos así de balance, con lo que también reducían sus requisitos de capital. El argumento de las entidades españolas es que estaban en desventaja competitiva con las extranjeras -que era también lo que criticaban de las famosas provisiones genéricas o anticíclicas, ahora bendecidas por todas las entidades por el colchón que les proporciona ante el vertiginoso aumento de la morosidad-.
Pero la respuesta del Banco de España fue la misma que en las titulizaciones sintéticas: que el riesgo tenía que quedarse en el balance y seguir computando a efectos del capital. Curiosamente, ahora el supervisor se enfrenta a la creación de estos vehículos por parte de muchas entidades para meter los activos inmobiliarios con los que se están quedando en pago de créditos incobrables, que así evitan incluir dentro de la tasa de morosidad. Parece que, en tiempos de vacas flacas, el criterio del Banco de España no es ni mucho menos tan duro como en los de vacas gordas.
Artículo de Eduardo Segovia en Cotizalia el 21/10/2008



