¡Que nos salven los chinos!
¡Bienvenido míster Hu Jintao! Vamos a tener que ir todos a Times Square con una gran pancarta para recibir con los brazos abiertos al líder chino. El país asiático ha acumulado reservas de divisas descomunales y tiene suficiente dinero fresco para convertirse en el motor más dinámico de la economía mundial.
Nos lo deben. Les hemos dejado ganar sus magníficos Juegos Olímpicos, no les criticamos casi nada por pisotear los derechos humanos y llevamos muchos años comprando masivamente sus productos y haciendo la vista gorda a sus falsificaciones.
Ahora tienen que compensar la falta de liquidez y de confianza que han provocado los fallidos de los activos hipotecarios en las grandes entidades de crédito. Y ya no sólo es que hayan caído en desgracia Bear Stearns, Indymac, Fannie Mae, Freddie Mac, Merrill Lynch, Lehman Brothers, AIG y Halifax. El problema es que todavía no ha pasado lo peor, como reconoce el propio FMI.
Resulta paradójico que ahora los países pobres tengan que ayudar a los ricos con el dinero que han ganado vendiéndonos vestidos, juguetes, petróleo y gas. Estados Unidos y Europa miran con envidia los 2,5 billones de dólares en liquidez que tienen China, Rusia, Abu-Dhabi, Kuwait y Arabia Saudí. Como me decía recientemente un analista, a Estados Unidos no le va a quedar más remedio que caer en manos de los comunistas o de los árabes.
El aumento de los ingresos procedentes de la venta de materias primas (como el petróleo) y la acumulación de reservas en divisas extranjeras (en el caso de China) han convertido en objeto de deseo a los fondos soberanos de estos países. Si siguen con su actual ritmo de crecimiento, en 2015 acumularán doce billones de dólares, una cifra muy significativa si tenemos en cuenta que en el mundo hay alrededor de cien billones de dólares en activos financieros.
En el Golfo, por ejemplo, no son capaces de gastar los petrodólares que les llegan, a pesar de los gigantescos proyectos de infraestructuras que han puesto en marcha. Estos países ahorran el 70% de sus ingresos, lo que ha llevado el superávit de la región por encima del 120% del PIB. ¡Qué envidia!
Los fondos soberanos han entrado ya en Citigroup, Blackstone, UBS, Merrill Lynch, Morgan Stanley o Barclays, y han comprado símbolos occidentales como el edificio Chrysler o el club Manchester City. Estos fondos de último recurso para el mundo rico provocan gran inquietud por la opacidad política y corporativa de sus inversiones, y porque en algunos casos están controlados por gobiernos dictatoriales. En España todavía recordamos la nefasta experiencia de KIO.
Es verdad que hay algunos fondos transparentes, como el noruego, el chileno o los asiáticos de Singapur o Hong Kong, que tienen unas reglas claras de inversión, están muy controlados por sus gobiernos y realizan sus inversiones a largo plazo, lo que ofrece una cierta estabilidad. Pero hay otros fondos cuyas inversiones están guiadas fundamentalmente por motivaciones geopolíticas y estratégicas, como es el caso de China y Rusia.
Y su falta de transparencia es indudable, aunque Occidente tampoco tiene mucha autoridad moral en este tema con lo que está saliendo a la luz en las cloacas de las hipotecas subprime.
El cataclismo económico mundial que estamos sufriendo obliga a buscar desesperadamente nuevos capitales, y aquí los fondos soberanos pueden jugar un papel fundamental. Eso sí, hay que exigirles que expliquen públicamente cuáles son sus principios de inversión y los compromisos que adquieren en cada caso.
Esto es la globalización: los países pobres acuden a socorrer a los ricos y las naciones emergentes se convierten en acreedores del mundo industrializado. Lo dicho: ¡Bienvenido míster Hu Jintao!
Publicado el 17/09/2008, por Manuel del Pozo. Diario Expansión
http://www.expansion.com/edicion/exp/opinion/es/desarrollo/1165989.html



